Yemas de Ávila: repostería de convento

El que no se ha dejado conquistar aún por el dulce sabor de las Yemas de Santa Teresa o Yemas de Ávila, no sabe lo que se está perdiendo. Si tu paladar ya se ha enamorado de este delicioso manjar de posible origen religioso, no te pierdas este post. Los artesanos Chousa te contamos hoy la fascinante historia de las Yemas de Santa Teresa para que puedas transmitirla a tus clientes mientras degustan esta especialidad abulense muy apropiada para Semana Santa. ¿Pasas hasta la cocina?


Cómo se hacen las Yemas de Ávila

Antes de centrarnos en los eventos más importantes de su historia, es importante recordar en qué consisten las Yemas de Santa Teresa. Se trata de un delicioso manjar hecho a base de batir muy bien almíbar, zumo de limón, canela y yema de huevo. Cabe recordar que con esta mezcla expuesta al calor moderado se hacen bolitas que luego se cubren con azúcar glaseada. El último paso de su elaboración es colocarles las clásicas tartaletas que les dan el aspecto tan peculiar a este delicado producto.

El origen monacal: Ávila y Santa Teresa de Jesús

Por una parte, se dice que las Yemas de Santa Teresa son de origen árabe y se cree que su primer lugar de fabricación fue la ciudad de Ávila, muy ligada a la vida católica. Un delicioso producto de origen monacal que se elaboraba antes de la Reforma Carmelitana, que conoció su época de máxima popularidad con Santa Teresa de Jesús. Posteriormente, pasarían a comercializarse por las pastelerías de la ciudad, pasando la receta tradicional de padres a hijos de forma secreta.

 

Claro que no todos están de acuerdo con esta historia. Así, algunos asocian las primeras creaciones de este delicioso manjar a las pastelerías y más concretamente a la Flor de Castilla, la primera pastelería que las comercializaría bajo el nombre que tienen al día de hoy, Yemas de Santa Teresa, en 1860, con Don Isabelo Sánchez al frente de la misma, como dueño y fundador del establecimiento. Él fue también la persona que registró la marca como tal. Se cree que ante el éxito de este petit four, otros reposteros no pudieron resistir la tentación de comercializar también las conocidas Yemas de Santa Teresa, pero bajo una denominación diferente, las Yemas de Ávila.

Las Yemas y el siglo XXI: cambio de packaging

A principios del siglo XXI, este delicioso producto aumentó su expansión y traspasó las murallas de Ávila. Para ello, las pequeñas bolitas doradas se colocaban de forma organizada en cajas de una o varias docenas. Para distinguir el producto, además, su embalaje incluye un pequeño diseño identificador en cada una de las cajas. El mercado internacional tampoco se ha podido resistir a esta delicia y, para ello, las casas pasteleras que fabrican desde hace más de un siglo y medio este dulce han remodelado y actualizado su embalaje para asegurar una perfecta conservación de todas sus propiedades y textura.

 

Y tú, ¿tienes una receta propia para las Yemas de Santa Teresa o Yemas de Ávila? Queremos verla.

 

Si esta entrada tan dulce te ha abierto el apetito, aquí puedes localizar la historia de otros muchos placeres de la repostería.

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